que estos surgían a partir de los vacíos que los alumnos encontraban al intentar hacer su tarea.
La mayoría de las veces, cuando los alumnos solicitaban la asistencia del profesor, no se les
decía directamente cómo resolver el problema, sino que se les invitaba a explorar las distintas opciones
del programa que ellos creían que podían activar los comandos deseados o buscar, en la ayuda del
programa, la explicación de cómo lograrlo. En estos casos, en lugar de enseñarles los procedimientos
correctos, se les enseñó a explorar, estimulándose el aprendizaje por ensayo y error. ¿Fue esto porque
el profesor no sabía o porque había otra intención? Esta manera de orientar los aprendizajes fue una
decisión consciente, ya que se partió de la premisa de que, el modo real de interactuar con una
computadora, exige que una persona esté constantemente probando como hacer algo, que una tarea
demanda. Además, quienes trabajan con computadoras saben que constantemente están surgiendo en el
mercado nuevas versiones de programas, que siempre son levemente diferentes a las anteriores, y que
exigen un constante aprendizaje. También, la tecnología avanza a un ritmo tan rápido que es muy
frecuente encontrarse con nuevas posibilidades de hardware y software, que deben irse aprendiendo
constantemente. Basta mirar simplemente la tremenda y siempre creciente variedad de posibilidades
que en los últimos cinco años ha estado ofreciendo Internet: transferencia de archivos de servidores
FTP, correo electrónico administrado localmente, correo electrónico administrado en la Web, chats,
foros de discusión, construcción de páginas web, transacciones electrónicas, acceso a música, enlaces
de telefonía móvil con Internet, etcétera. ¿Cómo un usuario aprende todo ésto? Ciertamente no
recibiendo cursos o capacitaciones, sino utilizando la ayuda siempre disponible en los medios
informáticos para orientar la exploración individual. Claro, la construcción y el manejo avanzado de
estas posibilidades, requiere un aprendizaje formal, más intenso y especializado, pero no es ese el tipo
de aprendizaje que se intenta fomentar en todos los alumnos de bachillerato en El Salvador.
Esta manera de organizar los aprendizajes en el centro de cómputo puede parecer muy vaga y
desordenada, pero la experiencia muestra que lograron cosas interesantes. Por ejemplo, en las ocho
horas que trabajaron en el centro de cómputo, varios de los alumnos informaron haber aprendido a:
corregir la ortografía, a imprimir, modificar diversos aspectos del formato del texto y los párrafos,
elaborar gráficas en Excel e introducir objetos en Word. Lo más interesante, es que se lograron en un
reducido tiempo, aprendizajes, que en la secuencia del programa regular de la clase de computación,
tomarían más de un año.
Otro aspecto, de importancia, es que la organización de los aprendizajes de Computación, en
torno a una tarea vinculada a una materia del currículo académico y, la asistencia de un tutor ante las
demandas emergentes al trabajar con la computadora, generó un mayor nivel de motivación y por lo
tanto, una mejor disposición para aprender. En palabras de los actores involucrados: “Yo los vi bien
interesados en el trabajo” (Coordinadora del Centro de cómputo); “Una de las clase que más he
disfrutado, no es porque usted esté presente aquí, es cuando fuimos a digitar el trabajo de Estudios
Sociales…tal vez fue una de las clases que más me quitó ese temor…Antes yo me sentía inseguro, que
si apretaba una tecla se me iba arruinar lo que estaba haciendo. Ahora no, porque creo yo que es
necesario equivocarse para aprender. Si me equivoco en lo que estoy haciendo, pues bien, ahora ya se
que no debo hacer eso la próxima”; “Se acuerda que yo le dije: mire yo no se como hacer, ¿pongo
estos datos? Sí, ponélos, andá a trabajar y si ya no podés, me llamás. Eso es algo que a uno le motiva
que le tomen importancia cuando uno quiere aprender”.