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2/2/01 10:15 AM

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Borrador final

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hacia una más constructivista. En años recientes, y como resultado de un largo trabajo colaborativo
entre maestros, investigadores en psicología y en otras disciplinas, se sintetizó el marco de “Enseñanza
para la Compresión”, como un apoyo a los profesores en sus intentos de transformar sus prácticas.
Decidimos probar este esquema pedagógico porque, por un lado, lo conocíamos a cabalidad y, por el
otro, porque sabíamos que, desde hace ya más de seis años, existían grupos de maestros trabajando con
este marco en Colombia, Venezuela y Argentina. Esto además nos proporcionaba varios recursos
escritos en castellano. Por todo esto, decidimos probar que una intervención con tecnología cuyo
marco pedagógico fuese el de Enseñanza para Compresión, permitiría desarrollar un clima
constructivista en el aula y arrojaría evidencia de que con este proceso, los alumnos aprenderían más
que en una pedagogía tradicional.

Además éramos conscientes de que lo que sucede en un salón de clase no depende simplemente
de la relación inmediata entre profesores, alumnos y tecnología, sino que esta relación se da dentro de
contextos organizacionales específicos. La relación entre estos distintos contextos, determina si una
innovación puede ser accesible a otros, sostenible y difundible a nivel del sistema más amplio. Los
contextos considerados en este trabajo son:

El salón de clase: A nivel de salón de clase nos interesaba sobre todo promover y documentar
el surgimiento de un clima de aprendizaje, en donde los alumnos proponen ideas para explorar,
donde los errores son una parte normal y productiva del aprendizaje, donde los alumnos
colaboran y se estimulan a ir “más allá de la información dada” y donde el maestro desempeña
un papel como facilitador de aprendizaje.

El ambiente escolar: La cultura escolar ejerce una influencia poderosa sobre si una innovación
puede ser encubada y sobrevivir. La literatura señala que respecto a innovaciones con
tecnología, es importante desarrollar culturas colaborativas, que operen no como una colección
de individuos, sino como comunidades de aprendizaje en las que lo más valorado no es el
progreso individual, sino la capacidad de la comunidad de llevar adelante un proyecto de
innovación. Esto requiere espacios de comunicación, y seguridad para tomar riesgos. Un
ingrediente esencial es el liderazgo.

El sistema educativo: El sistema en su totalidad también influencia el resultado de una
innovación no solamente de manera directa a través de políticas sobre el tipo de tecnología a
emplear o por la modalidad de desarrollo profesional que ofrece, sino también por otro tipo de
influencias sobre el medio local, como son el papel de la supervisión, las orientaciones
curriculares y el estímulo y apoyo que se proporcionan a las innovaciones. Es importante notar
que la literatura sobre cambio enfatiza la conveniencia de descentralizar las iniciativas de
innovación y el aprender de ellas.

Por ejemplo, si un grupo de maestros que toma la iniciativa de innovar con tecnología maestros
no es apoyado dentro de la escuela, es poco probable que esta innovación se expanda a otros maestros,
aun en la misma escuela. En cambio, si la innovación es atendida, apoyada y difundida, se maximiza la
probabilidad de que la innovación se adopte permanentemente. Por otra parte, si el sistema educativo
valora la iniciativa local y cuenta con mecanismo que puedan reconocerlas, apoyarlas y difundirlas,
entonces otras escuelas pueden también verse beneficiadas.